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Para el Dr. Diego Delgado, responsable de I+D de Hospital MiKS, la investigación en un hospital significa mantener una conexión constante entre lo que ocurre en el laboratorio, lo que sucede en la práctica clínica y las necesidades reales de los y las pacientes.
Porque las preguntas en investigación no siempre nacen detrás de una mesa de trabajo. A veces aparecen en una consulta, en un quirófano, ante un o una paciente que no responde como esperábamos o frente a un tratamiento que funciona y cuyo mecanismo todavía queremos comprender mejor.
Del laboratorio al paciente
Conseguir que una idea llegue desde la investigación básica hasta la práctica clínica requiere algo más que buenos proyectos. Para el Dr. Diego Delgado, uno de los elementos fundamentales es la comunicación entre quienes trabajan en el laboratorio, los investigadores clínicos y los profesionales médicos y asistenciales.
Cuando todos los ámbitos están conectados, las preguntas de investigación pueden plantearse desde el principio teniendo en cuenta las necesidades del o la paciente. Esto permite diseñar tanto los proyectos preclínicos como los estudios clínicos alrededor de problemas concretos y avanzar de forma más ordenada desde una hipótesis inicial hasta su posible aplicación.
La investigación traslacional se sitúa precisamente en ese punto de encuentro: convertir el conocimiento generado en el laboratorio en preguntas que puedan responderse en el ámbito clínico y, al mismo tiempo, llevar las preguntas que surgen junto al o la paciente de nuevo al laboratorio para orientar nuevas líneas de investigación.
No hablamos, por tanto, de dos mundos independientes, sino de un proceso continuo en el que cada uno alimenta al otro.
Plasma rico en plaquetas (PRP): ya no se trata solo de saber si funciona
Una de las líneas que mejor permite entender este recorrido es la investigación desarrollada durante años en torno al PRP.
La evidencia acumulada ha permitido conocer cada vez mejor sus efectos biológicos y su potencial terapéutico. Pero, según el Dr. Delgado, uno de los principales retos actuales está precisamente en comprender la enorme variabilidad que existe bajo una misma denominación.
La concentración de plaquetas, la presencia o ausencia de leucocitos, el método de obtención, el volumen utilizado o la frecuencia de administración pueden variar entre tratamientos y estudios. Por eso, comparar resultados de investigaciones que utilizan productos diferentes puede resultar complejo y contribuir a que los resultados globales sean difíciles de interpretar.
El reto actual, por tanto, va más allá de responder a una pregunta aparentemente sencilla y ya confirmada: “¿funciona el PRP?”.
La investigación debe ayudar a responder preguntas mucho más concretas: qué producto, para qué paciente y en qué dosis.
Para avanzar en esa dirección es fundamental recoger datos, documentar los tratamientos y describir con precisión qué se utiliza y cómo se utiliza. Solo así será posible comparar resultados y comprender mejor qué pacientes pueden beneficiarse de cada estrategia terapéutica, avanzando hacia una medicina personalizada.

De la hipótesis a la evidencia
En investigación, una buena idea es únicamente el punto de partida. Para convertirla en una opción terapéutica es necesario demostrar que funciona y, además, conocer sus posibles riesgos.
Los ensayos clínicos permiten precisamente evaluar de manera controlada la eficacia y la seguridad de un tratamiento. En el ámbito hospitalario tienen también otra función importante: comprobar si aquello que los profesionales perciben en la práctica clínica se confirma cuando se estudia de forma sistemática.
“Que a tus pacientes les vaya bien puede ser una impresión engañosa.”
Un paciente puede mejorar por diferentes motivos: por el paso del tiempo, por la evolución natural de la enfermedad, porque se ha seleccionado a personas que tenían más probabilidades de mejorar o incluso por el efecto placebo. Un ensayo clínico bien diseñado permite reducir estas incertidumbres y acercarse a una respuesta más fiable.
La publicación científica es otra parte de este proceso. Compartir los resultados permite que investigadoras y especialistas puedan analizarlos y reproducirlos, para seguir avanzando. Además, es la forma de que esos conocimientos y avances puedan llegar a un mayor número de pacientes.
Y también es importante publicar cuando los resultados no son los esperados.
“Si solo cuentas lo positivo, la literatura acaba pareciendo algo mejor de lo que es.”
Los resultados negativos, cuando proceden de estudios bien realizados, también aportan conocimiento. Pueden ayudar a descartar hipótesis, evitar que otros grupos incidan en caminos que no funcionan y, sobre todo, contribuir a diferenciar una opción terapéutica con una base científica de una tendencia pasajera.
Aprender de los resultados inesperados
La investigación rara vez sigue una línea recta.
Un proyecto puede comenzar con una hipótesis y terminar respondiendo a una pregunta completamente diferente. En ocasiones, los resultados no confirman lo que se esperaba. En otras, obligan a replantear el proyecto y volver a empezar.
“Que la mayoría de proyectos no acaben donde pensabas no significa que no hayan servido.”
Los resultados negativos también pueden aportar información si el trabajo se ha realizado correctamente. El verdadero reto, explica el Dr., puede estar en aceptar que una hipótesis en la que se ha trabajado durante años no se sostiene.
Existe entonces la tentación de interpretar los datos buscando aquello que se quería encontrar. Por eso, el contraste con otros investigadores y profesionales resulta especialmente importante.
“Viene muy bien tener cerca a gente que te lleve la contraria.”
La investigación necesita, además, paciencia. Entre una idea inicial y un tratamiento disponible pueden pasar años y buena parte de ese proceso transcurre lejos de los grandes titulares y de los resultados inmediatos.
Los avances que finalmente llegan a conocerse son, en muchas ocasiones, la parte visible de un trabajo mucho más largo: preguntas, hipótesis, experimentos, resultados inesperados, proyectos que se replantean y muchas horas dedicadas a comprobar si una idea realmente funciona.
Investigar pensando en lo que viene
En un hospital, investigar no significa únicamente buscar el próximo gran avance. También significa hacerse preguntas sobre los tratamientos que ya se utilizan, comprender mejor por qué funcionan en unos pacientes y no en otros y generar evidencia que permita tomar decisiones cada vez más precisas.
Para el Dr. Diego Delgado, ese vínculo entre investigación y asistencia es esencial: las preguntas pueden nacer junto al paciente, encontrar respuestas en el laboratorio y volver después a la práctica clínica.
Es un proceso lento, pero también una de las vías para que la innovación deje de ser una promesa y se convierta, cuando la evidencia lo permite, en conocimiento útil para la práctica médica.
Porque investigar no consiste solo en encontrar respuestas. También consiste en aprender a formular mejores preguntas.