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El dolor es uno de los motivos de consulta más habituales y, cuando se prolonga durante meses, puede afectar a múltiples aspectos de la vida cotidiana, desde el descanso y el trabajo hasta las relaciones personales. En España, el 25,9 % de la población adulta padece dolor crónico, una realidad que puede limitar la movilidad, la autonomía y el bienestar emocional, según un estudio publicado en 2025 en la revista European Journal of Pain.
¿Qué ocurre cuando el dolor persiste durante meses e incluso años? ¿Qué alternativas existen cuando los tratamientos habituales no son suficientes? ¿Cómo pueden contribuir la investigación y los hábitos de vida a mejorar el bienestar de los pacientes?
Cuestiones como estas han centrado la jornada Dolor crónico: una mirada integral. Investigación, medicina y nutrición para comprender y abordar el dolor, impulsada este viernes por Hospital MiKS dentro de su ciclo Ibilian Ongizatea – Bienestar en marcha, una iniciativa abierta a la ciudadanía.
Según ha quedado de manifiesto, el tratamiento del dolor crónico no consiste únicamente en reducir su intensidad. También busca recuperar la funcionalidad, preservar la autonomía y mejorar la calidad de vida de quienes conviven con él. Para ello, es fundamental comprender el origen del dolor, cómo afecta a cada paciente y qué factores pueden contribuir a mantenerlo o agravarlo.
Durante la jornada, el Dr. Alberto Sánchez, especialista en tratamiento del dolor y responsable de la Unidad del Dolor de Hospital MiKS, ha abordado la complejidad del dolor musculoesquelético crónico y la importancia de adaptar el tratamiento a las necesidades de cada paciente. “El dolor musculoesquelético crónico constituye un reto clínico que va más allá de aliviar los síntomas. Vivir con dolor no debe asumirse como algo inevitable; el objetivo es recuperar la funcionalidad, la autonomía y, en definitiva, la calidad de vida. Para ello, es fundamental comprender cómo factores como la inactividad, la tensión y el malestar emocional pueden contribuir a perpetuar el dolor y aumentar las limitaciones en el día a día”, ha explicado el Dr. Sánchez.
En función del diagnóstico y de las características de cada paciente, las opciones terapéuticas pueden incluir tratamiento farmacológico, técnicas mínimamente invasivas y otras alternativas especializadas. La valoración individual permite determinar qué abordaje resulta más adecuado en cada situación.
Investigación para ampliar las opciones terapéuticas
En este contexto, la investigación está contribuyendo a explorar nuevas posibilidades para determinados tipos de dolor musculoesquelético. Las terapias biológicas y la medicina regenerativa, por ejemplo, son áreas de estudio de especial interés, aunque sus posibles beneficios dependen de la patología, del tratamiento concreto y de las características de cada paciente.
En este punto, la jornada ha contado con la presencia del Dr. Diego Delgado, responsable de Investigación de Hospital MiKS, que ha destacado la importancia de generar evidencia científica que permita determinar en qué situaciones pueden aportar un beneficio clínico real. El objetivo prioritario, ha remarcado, es avanzar en la comprensión de los mecanismos del dolor y evaluar nuevas estrategias terapéuticas con rigor, distinguiendo las posibilidades que ofrecen los estudios de los resultados que ya cuentan con respaldo clínico.
La alimentación como complemento al tratamiento
La alimentación puede contribuir al cuidado de la salud de las personas que conviven con dolor crónico, aunque ninguna dieta trata ni cura por sí sola el dolor persistente. Durante la jornada, Leila Pérez, dietista-nutricionista con práctica en el ámbito hospitalario y privado, ha abordado cómo la alimentación puede contribuir a la salud de las personas que conviven con dolor crónico. Como ha destacado la especialista, el tenedor puede ser una herramienta más para cuidar la salud, siempre como complemento al tratamiento médico, nunca como sustituto.
El patrón con más respaldo científico es el mediterráneo, con más pescado, verdura, legumbres y aceite de oliva, que se relaciona con menos inflamación general, esto es, menos problemas cardiovasculares, mejor control del azúcar en sangre y mejor ánimo, factores que influyen en cómo se tolera el propio dolor. Como ha señalado Pérez, “el dolor que se padece no es culpa de lo que se come. Pero la salud, en su conjunto, sí está en nuestras manos. Y eso, para alguien que convive con dolor crónico, no es un consuelo pequeño: es la parte de la ecuación sobre la que tenemos margen de maniobra nosotros mismos”.
17 de octubre, Día Mundial del Dolor
La jornada se ha celebrado en vísperas del Día Mundial del Dolor, que tiene lugar cada 17 de octubre. Este año, la campaña de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) pone el foco en el dolor neuropático, causado por una lesión o enfermedad del sistema nervioso somatosensorial. Este tipo de dolor puede manifestarse como quemazón, descargas eléctricas, hormigueo o dolor persistente, y requiere una evaluación específica para identificar sus posibles causas y orientar el tratamiento.
Con iniciativas como Ibilian Ongizatea – Bienestar en marcha, Hospital MiKS acerca el conocimiento médico y científico a la sociedad y genera espacios de encuentro en torno a cuestiones que afectan directamente a la vida cotidiana. La jornada ha puesto de relieve la importancia de combinar una valoración clínica individualizada, la investigación rigurosa y los hábitos saludables para comprender mejor el dolor crónico y mejorar la atención a quienes lo padecen.