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Para Juan Sainz de Aja, especialista en Medicina Física y Rehabilitación de Hospital MiKS, recuperar la función va mucho más allá de mejorar el movimiento de una articulación o reducir el dolor. Su enfoque parte de una idea que encaja con el modelo asistencial de MiKS: poner a la persona en el centro y trabajar de forma coordinada para que pueda recuperar su autonomía y volver a hacer aquello que da sentido a su vida cotidiana.
¿Qué significa realmente recuperarse de una lesión? No se trata únicamente de dejar de sentir dolor, recuperar el movimiento o ganar fuerza. Detrás de cada lesión hay una persona que puede haber dejado de practicar deporte, trabajar con normalidad, caminar sin miedo o desenvolverse en su día a día.
Por eso, el objetivo de la recuperación no es únicamente tratar una estructura lesionada, sino conseguir que cada paciente pueda volver progresivamente a su actividad, devolver a una persona la capacidad de hacer aquello que da sentido a su vida cotidiana y recuperar su autonomía.
Una lesión, distintas necesidades
Dos personas pueden presentar una lesión aparentemente similar y, sin embargo, necesitar tratamientos diferentes. Sus circunstancias, su nivel de actividad y, sobre todo, sus objetivos no son los mismos.
No tiene las mismas necesidades un corredor de maratón que una persona cuyo objetivo es poder subir las escaleras de su casa sin ayuda. Tampoco quien quiere volver a competir necesita el mismo planteamiento que alguien que busca recuperar su capacidad para trabajar sin dolor.
La edad, la condición física, el tipo de trabajo, los hábitos, el dolor y las expectativas forman parte de la valoración. Por eso, el diagnóstico es solo el punto de partida.
“Las lesiones pueden parecer iguales en una resonancia, pero las personas nunca lo son.”
Más allá de las pruebas de imagen
Las pruebas de imagen aportan información fundamental sobre músculos, tendones y articulaciones, pero no explican por sí solas cómo está viviendo una persona su lesión.
La valoración clínica debe completar esa información: qué ha dejado de hacer el paciente, qué le preocupa, qué espera conseguir y qué puede dificultar su recuperación.
“Las pruebas de imagen muestran estructuras; la consulta revela limitaciones, expectativas, temores y hábitos” apunta el Dr. Sainz de Aja.
Esta visión permite plantear un tratamiento adaptado a las necesidades reales de cada persona y establecer desde el principio un objetivo funcional concreto.
Herramientas al servicio de la recuperación
La ecografía es una de las herramientas que permite mejorar la precisión de esta valoración. Además de complementar la exploración, puede ayudar a identificar el origen de determinados dolores y orientar las decisiones terapéuticas.
También permite realizar infiltraciones ecoguiadas con mayor precisión cuando están indicadas. Pero la tecnología no sustituye al criterio clínico: debe ponerse al servicio de una valoración global y de un plan de tratamiento individualizado.
Lo mismo ocurre con otras herramientas terapéuticas, como el ejercicio, la fisioterapia, la readaptación, las infiltraciones o determinadas aplicaciones de la medicina regenerativa. No se trata de utilizar más técnicas, sino de utilizar las adecuadas para cada paciente y en el momento adecuado.

Un proceso compartido
La recuperación de una lesión musculoesquelética puede requerir la participación de diferentes profesionales. Traumatología, Medicina Física y Rehabilitación, Fisioterapia y Medicina del Dolor aportan perspectivas diferentes que se complementan a lo largo del proceso.
El traumatólogo puede valorar la necesidad de un tratamiento quirúrgico; el médico rehabilitador aborda la recuperación funcional; el fisioterapeuta acompaña buena parte del proceso de recuperación; y el especialista en Medicina del Dolor interviene cuando el control del dolor requiere un abordaje específico.
El objetivo no es que el paciente tenga que recorrer caminos independientes, sino que los distintos profesionales compartan información y trabajen alrededor de unas mismas necesidades y objetivos. Cuando es así, el paciente recibe un tratamiento mucho más coherente, sin mensajes contradictorios y con una continuidad que puede marcar una gran diferencia en los resultados.
Como explica el Dr. Sainz de Aja, “en un hospital como el nuestro, el paciente no viene buscando una especialidad concreta; viene buscando una solución”.
La coordinación resulta especialmente importante cuando la recuperación requiere diferentes fases y profesionales. Cada uno aporta su conocimiento, pero el paciente permanece en el centro del proceso.
Recuperar aquello que importa
Una lesión puede generar incertidumbre. Saber qué ocurre, cuánto puede durar la recuperación y cuándo será posible volver a las actividades habituales forma parte también de las necesidades del paciente.
Por eso, la información y el acompañamiento son elementos importantes del tratamiento. La primera consulta no tiene por qué terminar con una solución inmediata, pero sí debería permitir comprender qué está ocurriendo y cuáles son los siguientes pasos.
“Probablemente no salga de la primera consulta con una solución mágica, pero sí con un plan claro.”
Porque la meta final no está en una articulación, un tendón o una imagen diagnóstica. Está en la vida de la persona. Volver a caminar con seguridad. Recuperar la práctica deportiva. Volver al trabajo. Dormir sin dolor. Recuperar la autonomía. Son objetivos diferentes, pero todos responden a una misma idea: recuperar la posibilidad de hacer aquello que da sentido a la vida cotidiana.
Y ahí está el verdadero objetivo de la medicina física y rehabilitación.